La llevaba cargada en los brazos, abrió los ojos y volvió a cerrarlos, pesaba demasiado, su cuerpo parecía muerto, la recosté en el asiento trasero, no supe que hacer, y me apoye en el volante a pensar, volteé para mirarla, solo por curiosidad, su aspecto era de hippie, tenía algo similar a las chicas que aparecen en las portadas de los libros que leo, mucho pelo, lacio, oscuro, un flequillo abundante y recto que no le alcanzaba a cubrir las cejas, ojos no lo sé los tenía cerrados obviamente, sus pestañas eran largas, nariz pequeña, su boca era grande, el labio inferior era mas grueso que el superior, tenia una pequeña marca en su mentón, como si se lo hubiera abierto y le hubieran dado puntos, di media vuelta y subí la calefacción, y espere a que despertara, aunque esperando termine durmiéndome.
- Hola – Me dijo apoyada entre los dos asientos –
- ¿Que hacías ahí?- Estaba sorprendido de la sonrisa con la que había dicho hola –
- Es algo así como una rutina…- dijo-
- Rutina poco saludable, perdona me llamo…- quise decir pero no me dejo terminar la frase-
- Jimmy te llamas Jimmy y no me lo discutas. Amaneció un día hermoso no crees. Presiento que durara todo el día dejando una noche de verano. Está perfecto para salir a caminar, o andar en bicicleta, se me ocurre ponerme a pintar en el patio… - No paraba de contarme cosas, nada de ella si no de cosas que se le venían a la mente, no me daba tiempo de pensar, parecía que no había hablado en meses. –
- ¿Siempre hablas tanto?- Cansado de escucharla-
- ¿Te molesta?, ¿vamos por algo para comer?, el agua siempre me da hambre.
Parecía no molestarle que no prestara interés en ella con todo lo que me contaba. Se daba cuenta que no le daba bola, porque cada tanto buscaba mi mirada esperando que respondiera algo. No era aburrida, ni tampoco tonta, era interesante, bastante, pero la noche me había dejado harto, y el monologo aturdido.
Pasé por el mercado de la noche anterior, pero recorde los chocolates que no me habian dejado satisfecho y decidi buscar otro lugar.
- ¿Podemos ir ahí? – Me dijo señalando una confiería.
Le dije que si con un movimiento de cabeza. El lugar me parecia conocido, era de madera, bastante rustico, la mayoria de las confiterías de la zona playa son así, pero está tenía aspecto familiar.
Unas escaleras guiaban a una terraza llena de sillones de mimbre con mesas para tomar té, grandes macetas con flores blancas adornaban la entrada, adentro mesas y sillas de roble con manteles negros, los mejores lugares para sentarse eran junto a la ventana, cualquiera de ellas daba a un lugar bonito, la barra era atendida por una familia, lo deduje, eran todos muy parecidos, el hombre mayor atendía la caja, la mujer mayor a los clientes, y los otros mas jóvenes servían o mantenían el lugar. Había cuadros de la familia en las paredes, desde los fundadores hasta los actuales, fotos de algunos clientes en la antigua terraza, fotos de las construcciones, era muy acogedor el lugar, la muchacha había elegido bien.
Entramos al lugar y ella quiso ir adentro para sentarse junto a una ventana abierta que daba al mar.
- ¿Conocías el lugar? – Dijo ella mirándome a los ojos, eran iguales a los de mi madre, verdes, intimidantes y grandes, era imposible no responderle.
- No lo sé, es raro el sentimiento que me trae el lugar. Muy buena elección Helena o ¿prefieres Georgia?, porque la verdad es que no me has dicho tu nombre.
- Prefiero que me llames por mi nombre, Helena es demasiado nombre para alguien como yo, y Yoryia me cuesta pronunciarlo, asi que Sussane –y volvió a mirar a mis ojos interrogándolos-
- Un nombre muy interesante. El mio es Alejandro. No eres de aquí ¿verdad?
- Si y no, debo ir al baño, no te vayas.
A donde iba a ir, la estaba pasando de maravilla, alejado de mí y toda la rutina. El hombre mayor de la barra se acerco hasta mi mesa y me pregunto:
- Alejandro, ¿eres tu?
- Si, disculpe pero no lo recu… Don Guegorio jajajaj como me.. Ya me parecía familiar el lugar, discúlpeme soy tan olvidadizo, he perdido la memoria en este tiempo.
- Y eso que aun eres joven, no te veo desde hace años, la ultima vez que te vi tendrías alrededor de unos 10 años, recuerdo que tu padre siempre pedía lo mismo, dos medialunas con crema y un capuchino, y para ti el especial de la casa, las masitas de confitería de mi esposa, tus preferidas eran las de chocolate, las mojabas en el submarino y te llenabas los bigotes de chocolate, ven acompáñame- lo seguí – Mira esta foto – Dijo mientras descolgaba uno de los cuadros de la pared – Tu padre, vos, mi esposa, y yo. Recuerdo que me decías: “Don Guegorio, ¿colgara nuestra foto en la pared?”, y yo no podía aguantar la risa de tu mala pronunciación, lo único que podía hacer era asentir con la cabeza. Tu padre nunca más volvió por aquí, supe que se mudo a San Bernardo pero jamás volví a saber de él, ¿Cómo se encuentra?- No quería responder a eso, desee que Susanne me salvará con alguno de sus monólogos –
- Mi padre, él, … Está enfermo, por morirse.- Era la verdad, no iba a mentir, jamás miento, no lo haría para safarme, no soportaba hablar de mi padre.-
- Oh!, cuanto lo siento, mándale cariños, como quisiera verlo, el siempre será uno de nuestros mas queridos clientes, la casa invita, -
Quería salir corriendo de ese lugar tomar el auto y volver al mar, pero era de día, y no podía dejar sola a Susanne, le había prometido quedarme.
- Hola- Dijo Su sonriendo detrás de Don Gregorio- ¿Que vamos a desayunar?
- Hola muchacha, elije lo que quieras, la casa invita. – Respondio Gregorio-
- Alejandro por algo te resultaba tan familiar el lugar después de todo, yo quiero, mmm, Puede ser medialunas con crema y un submarino, amo mojarlas en la leche – Dijo sonriendo como una niña.-
- A ti ya se que traerte. – Dijo Don Gregorio mirando a Alejandro.
- No, disculpe Don Gregorio, preferiría un te con leche y medialunas saladas, por favor. – No soportaba la idea de volver a esa época en que mi padre decidía que debía comer yo, amaba la idea de comer de nuevo esas masitas finas, que delicia, era un sabor excitante, pero no lo suficiente como para volver a repetir esos recuerdos-
- Como desees joven- Finalizo retirandose.
Susanne me sonrió, y buscaba algo en mis ojos.
- ¿Quieres llorar?-
- ¡No!, porque dices eso. – Al principio se lo dije enojado, me molesto que leyera mis pensamientos, o que al menos lo intentara, pero me calme, no podía tratarla mal, era tan inocente y frágil.
- Discúlpame, pero me pareció verte triste, y no me gusto verte así. Siento lo de tu padre.
- ¿Cómo?, digo, ¿Cómo escuchaste? No estabas en el baño.- Dije sorprendido-
- Si, pero no tarde lo suficiente como para no escuchar esa parte, me quede detrás del hombre, no quise interrumpir, estabas en las nubes mientras él hablaba, como si viajaras en el tiempo. – Era bruja la muchacha.-
- Fue así, aquí venía de pequeño, todos los sábados y domingos a desayunar con mi padre, y siempre pedíamos lo mismo. Eran los tiempos en que mi madre daba clases de yoga por las mañanas, era tan feliz, todos lo éramos, ella estaba embarazada y…- Pare de hablar, me sentí perturbado en cierta forma, intimidado, nunca había hablado de esto.-
- No te hagas problema no es necesario que me cuentes nada, puedo entenderte, es un tema delicado para vos.
Don Gregorio trajo el desayuno para cada uno, y una caja envuelta en hojas de diario, me dijo que lo abriera cuando llegara a casa. Alex después del desayuno solo se mantuvo callada y hablo cuando yo le preguntaba algo o simplemente sonreía. Al salir de la confitería me dijo que debía marcharse y que tenía muchas cosas por hacer. Agradecí su compañía y le pedí que no se metiera en problemas.
Volví a casa, y en cuanto llegue me senté en el comedor y abrí el paquete, los ojos se me llenaron de lágrimas y odio. Eran las malditas masas de confitería. Las mas ricas y placenteras del mundo, y no podía ni mirarlas ni tocarlas. Salí corriendo de la habitación, no podía entrar a la habitación y verlas. Quise romper todo, ir a bañarme, sentí violada a mi intimidad. Era como si mi padre estuviera en la habitación yo tuviera 13 años, y,.. y, no podía respirar, Salí corriendo de casa, hacia ningún lado. Me senté en la esquina a esperar el colectivo dispuesto a dar 10 vueltas a la ciudad, puse mi mp3 al máximo, estaban en reproducción algunas de mis opera favoritas de Wagner y era un desperdicio escucharlas en aquel momento, ya que cuando uno escucha una canción en determinados momentos luego cada vez que lo escucha vuelve a recordar ese momento, y no era algo que yo deseara hacer.
El colectivo llego antes de lo esperado, le di de mas al colectivero no tenia ganas de esperar el cambio, además sabia que luego tendría que volver a pagar para la próxima vuelta.
Me sente en los sillones de la mitad para adelante junto a la ventana, lamente que no fuera de los colectivos en que tienen sillones individuales de un lado.
Cerre los ojos, y deje que el sol intentara entrar a través de los párpados.
Alguien se sento al lado mio y se volvio a parar dos o tres veces. Me dormi profundamente. Soñe que caia, lentamente, mas y mas profundo en la oscuridad, sin poder despertarme, alguien me tomaba por los hombres y me despertaba, era el colectivero indicandome que era el final del recorrido.
Volví a casa, me bañe, y una vez listo para ir a la cama, llame a la señora que me ayudaba cada tanto con la limpieza de la casa, le indique que viniera a primera hora para limpiar el comedor, y que por favor se deshiciera del paquete que estaba encima de la mesa, que se lo quedara o lo tirara, pero que no lo quería ver mas. Supongo que la señora ya estaba acostumbrada a esta clase de pedidos míos.
Capítulo III. Vuelvo a leer… esto me suena familiar, pude haberlo leído en algún lado? Si, creo que lo leí antes.
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