El trabajo era tan rutinario que hartaba. Todos los dias la misma oficina, los mismos papeles que firmar, debería haber elegido como carrera la vagancia, haberme dedicado al paracaidismo o a la construccion. Hubiera preferido cualquier cosa antes que eso. Era contador. Y se lo debía a mi querido padre como todo, el quería que yo continuara con la tradición de contadores, y lo cumplí, para que el se sintiera orgulloso de mí, en vano.
Fue cuando empezaba el calor en la ciudad, que yo iba a trabajar, y vi a Sussane caminando al costado de la calle, llevaba un perro. Parecía que el perro la llevaba a ella, ya que ella iba corriendo y tropezando detrás del animal, ambos venían derecho hacia donde yo estaba. Luego todo fue rápido, el perro se abalanzo sobre mi, y caí sobre la hierba que cubría la plaza.
- Yofo! Yofo, Soltá a alex!
- Sussane!, sacamelo de encima.
Y el perro no dejaba de lamer mi cara. Me levante y Sussane me dio un pañuelo para limpiarme.
- Alex, lo lamento, es el perro de mi vecina, lo saco a pasear algunas mañanas, ya que ella no puede hacerlo.
Jamas se me hubiera cruzado por la cabeza, hacer algo asi por Josefa, la vieja que vivía al lado de casa, ella tambien tenía un perro, pero al igual que este no me caía muy bien.
- A donde ibas?- Pregunto ella intimidandome.
- Al trabajo.
- Mmm, creo que yofo y yo tenemos tiempo de acompañarte un rato… Si eso deseas.
Como decirle que no a esos ojos inocentes que solo tenían buenas intenciones.
- Si, acompañenme, son un par de cuadras nada mas – respondi con una sonrisa, que espero ella no halla notado que era irreversiblemente falsa. Aunque es seguro que si lo noto, pero queria acompañarme a toda costa.
Las cosas con Sussane eran asi, descolocantes, aritmicas, ella aparecía de la nada, como si fuera lo mas normal del mundo, y con tanta naturalidad que hacia poner a uno nervioso.
Ella me llevo por un par de ‘atajos que conocia’, y fuimos a parar a un barrio de esos al estilo bohemio de Montmartre. Fue parecido a lo que me sucedió en la cafeteria aquella mañana, todo parecia familiar y conocido, pero a diferencia de ese dia, yo recordaba todo, recordaba ese barrio ni bien lo vi. Mamá. Mamá apareció entre la gente que caminaba por la calle, mamá apareció escuchando las canciones de los cantantes ambulantes, mamá estaba ahí parada al lado de la artista de acuarelas, la llamaban Transparencia.
-Aquí venia con mi madre.- le dije a Sussane, mientras contemplaba las viejas imágenes de mi madre representandose en el barrio.
Y ella solo se limito a mirarme, y se detuvo frente a Transparencia.
- Increible, Alex!, mira lo que es capaz de hacer esta mujer- Que emocionada se veía Sussane.
Le sonreí, fue la respuesta mas natural y sincera que le habia dado desde que la conocía. Transparencia dirigio sus ojos a los mios, y luego continuo mojando sus pinceles en las acuarelas, ¿se acordaría ella de mi, de aquel nene que cantaba canciones alegres y no conocía otro sentimiento mas que la felicidad?
-¿Como es que logra crear… esto? – Pregunte timidamente señalando el cuadro que Transparencia tenía ante sus ojos.
Y ella sin levantar los ojos de lo que estaba pintando me respondio: - Pienso en cosas imposibles, aquellas que solo pueden ser posibles aquí – y señalo la pintura – esos paisajes oníricos y mágicos que aparecen cuando uno cierra los ojos y dormita.
Esas palabras llenaron algo que habia estado vacío por mucho tiempo dentro mío, palabras similares a las de mamá, que en su momento no entendía del todo, y ahora tenían mas sentido que nunca.
Espere a que Transparencia terminara su obra y la compre orgulloso de tener dinero para hacerlo.
Ni bien llegamos a la salida del barrio que nos topamos con la avenida y alli en frente se alzaba el edificio donde estaba mi oficina.
-vacaciones- dijo Sussane en un susurro.
- ¿Qué?, Perdon no te escuche.
- No dije nada alex.
-Si, dijiste vacaciones.
-Ah, debo haber pensado en voz alta. Estoy pensando en viajar al norte por un tiempo. Siempre quise una aventura. No tengo nada, nada que perder.
-¿Al norte?, ¿con el calor que hace?.
- Alex, mi viaje no se limita al norte del país, va mas alla de estas fronteras, aunque lo principal sería poder llegar a nuestro norte.
- no creo que sea una buena idea… - mire la hora, la conversación me estaba hostigando, y quería darla por finalizada- Es hora de irme, llego tarde. Nos… vemos.
Ella sonrío y me dio un beso fugaz en la mejilla.
Quedo invadido durante toda la tarde, por sentimientos que antes le eran ajenos, y quería que continuaran así.
Los sentimientos hacen a las personas pensar. Quizá me hacia falta llorar o reír mucho, pero nunca llegaba a ningún extremo.
Volver a casa era un sinsentido diario. No existía el concepto hogar desde hacia ya mucho tiempo en mi vida. El trabajo era una porquería, nunca entenderé porque soy tan bueno de todos modos, ¿serán los genes?.
La rutina me era indiferente. No me gustaba hacer siempre lo mismo a decir verdad, pero tampoco quería cambiar nada, me daba terror lo nuevo, ya que ello significaba siempre socializar, aprender, cambiar, perdonar… y ya de decirlo me da miedo.
Sussane no se en que parte entraba. Me agradaba, no podía negarlo, ella me traía buenos recuerdos, y eso me molestaba pero no podía culparla por hacerme bien. Sussane dejaba en mis imágenes, que mi cabeza no podía controlar y me descolocaban.
Me encerré a oscuras en la habitación, ningún libro podía calmar sentimientos, cuando mi cabeza se enfocaba en algo era muy difícil desviarla. Cuando al fin pudo concentrarse en una cosa a la vez pensó en Sussane y su retrato lo calmo.
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