Pasaron tres largos e infinitos meses, de mas rutina y autoconvencimiento de que el suicidio era para los cobardes. Sussane no se habia dejado ver desde aquel dia en el barrio bohemio, que ya para estos entocnes parecia muy lejano.
Un dia de marzo, a las 4 de la mañana, me canse de dar vueltas en la cama, cosa que últimamente me pasaba muy seguido, y decidi dar una vuelta. Tenía puesto mi pijama rayado, el de invierno, aunque era otoño para mi hacia frio. Me puse un saco largo, un gorro que lo usaba desde los 18 y tome una bufanda que como todas las que estaban en mi perchero tenian el logo de la empresa para la cual trabajaba, abri el porton del garage, saque el auto, deje todo bien cerrado, y tome la primer calle, frenetico y desesperado. Me habia tomado el tiempo justo para acomodarme para salir, como si planeara algo minuiciosamente, para luego salir como un loco a la calle y matar a cualquiera (incluso a mi mismo) en cualquier esquina.
¿Qué sentido había para mi existencia? Mi mundo habia quedado reducido a la espera de una mujer. Habia vuelto a cometer el mismo error de cuando murio mamá.
Solo podia ver el mar frente a mis ojos, estuve a punto de chocar en dos oportunidades, pero no pare hasta la escollera.
Baje del auto y corri lo mas rapido que pude hacia el mar, fui quitándome la ropa, y cuando estuve en la orilla me arrodille, y grite, mucho. Logre que lagrimas gruesas cayeran al fin por mis mejillas, llore como nunca antes habia llorado, apoye la frente en la arena y pedi a cualquiera fuera el dios que todo lo media y creara que me llevara, que me diera la muerte, golpee fuertemente la arena gritando de dolor, y caundo mi cuerpo estuvo cansado de golpear y mi voz no fue lo suficiente fuerte para gritar, me deje caer, deje que el agua fuera cubriendome, mojandome y al fin, me dormi.
Desperte y estaba en mi cama, como si todo hubiera sido una pesadilla hermosa. Estaba a oscuras en la habitación de siempre. Las persianas, casi cerradas, haciendo luto de mi presencia, dejaban pasar pequeños puntos de luz.
Me quise levantar y el cuerpo no parecía dispuesto a nada. Logre incorporarme y fui al baño, al mirarme en el espejo me asuste tanto que pegue un grito ahogado. Estaba totalmente palido y lleno de ojeras, y lo peor de todo: el pijama no era el mismo que el de anoche, abri la puerta de golpe y alli estaba ella, con una taza de café en la mano.
- q… q… - respire profundo, mi voz no hacia caso a pronunciar palabra- que haces aquí, ¿que paso?- dije tejiendo hilos con la voz.
- Buenos dias alex, ¿te sientes mejor?
No le respondi, ella tampoco me habia respondido. Ademas ella era la culpable de todo… incluso de que yo anoche no muriera. Si ella no… si ella no tantas cosas.
Estaba enojadisimo. No queria verla mas, pero me era imposible hecharla, ademas sabia que ella no quedría irse viendo mi estado de salud.
- Si quieres sinceramente que me vaya me ire Alex. De lo contrario hazme el favor de tomarte esto.
Me levante de la cama sin mirarla, me puse la bata y tome la taza de su mano.
Ella me obligo a llamar al trabajo y pedir que me enviaran un doctor.
El doctor llego a media tarde. Me moría de vergüenza, ¿como explicarle como habia llegado a este estado de salud?, Sussane me ayudo y fue ella quien hablo con él, luego me examino y declaro principios de neumonia, debía estar unos diez dias como minimo en cama, y ademas de eso tenía licencia de 6 meses por incapacidad psicologica, ¡Que vergüenza! . Antes de irme me entrego una tarjeta de un psiquiatra colega de él, y me dijo que “cualquier cosa” lo llamara y el me iba a ayudar.
Sussane preparo la cena y comimos juntos, hablamos de libros aquella noche, ¡ella habia leido millones!, me contaba historias que parecían haberle sucedido a ella.
Luego de la cena ella se fue. Me acoste con muchisimo dolor de cabeza y fiebre, me habia sentido mal durante la cena pero no quize decirle nada. La noche fue verdaderamente interminable, tuve algunos escalofríos acompañados con una tos insoportable. Logre dormirme con la salida del sol, pero no logre descansar mucho porque al mediodia llego Sussane, y lo primero que hizo fue retarme por no haber tomado los medicamentos.
Almorzamos una comida “saludable”, según ella, sopa de verduras. Y pasamos la tarde mirando peliculas.
Fue esa tarde cuando caí en la cuenta que no sabía nada de la mujer que estaba al lado mio. Antes, bueno la verdad no me interesaba. Pero ahora si verdaderamente. Sussane ya era algo en mi vida, no sabia que, ¿una amiga?, no lo se, pero me interesaba saber algo de ella.
- Sussane- Le dije, pero ella no respondio al instante, estaba muy concentrada viendo como Sandra Bullock se enviaba cartas con Keanu Reaves en “La casa del lago”.
- ¿Qué?
- Nunca me has contado nada de tu familia. – le dije con mucha delicadeza.
- Tu tampoco Alex. – y me sonrio.
Tenia razon, yo tampoco le habia hablado de mi familia o de algo de mi vida. Ella sabía que yo trabajaba pero no de que. Decidi empezar por eso que era lo mas facil.
- Soy contador, trabajo en una sucursal de Galicia.
Y ella me miro un instante como esperando a que dijera algo mas, y respondio:
- ¿te gusta?
- No lo sé. Creo que si. No es algo que me cueste mucho.
- ¿y porque estudiaste eso?
- Por que… por que, era lo mas facil.- ¿Verdaderamente habia estudiado eso porque era facil?, por un lado si… si, definitivamente habia sido un camino facil para una salida laboral asegurada.- Facil, porque lo entendía y sabia que cuando terminara iba a tener trabajo seguro.
- Mmm, y si pudieras haber elegido otra cosa. ¿Qué hubieras hecho?
- Hubiera sido doctor… – y vinieron a mi mente imágenes mias siendo medico- Y vos ¿de que trabajas?
- Cuido enfermos, como ahora por ejemplo – respondio señalandome.
Era una respuesta verdadera, pero no me satisfació. Me dio la impresión de que ella no quería decir mucho. Pero en fin era verdad, y era obvio que mucho no ganaba, se vestia con ropa que no siempre era de su talle. No combinaba muy bien los colores, y mucha ropa no tenía. Las veces que la había visto siempre habia tenido puestos los mismos borsegos marrones, un saco medio largo abrigado y una bufanda amarilla, lo que siempre cambiaba era el gorro. A la ropa de abajo nunca le preste mucha atención, salvo los dias que me cuidó; no usaba pantalones ajustados, le gustaban las polleras largas (que jamás eran lisas) y sus blusas eran camisetas básicas lisas o con inscripciones, la que mas me gustaba era la que decía: Libertad, Justicia e Igualdad.
Se paso toda una semana cuidándome, haciendo la comida, dándome la medicación y no dejo que pagara nada, lo unico que me pedía es que sonriera un poco mas. La última noche, me preparó una de mis comidas favoritas: ravioles con tuco, estaba horrible, afuera se habia levantado viento y comenzaban a caer las primeras gotas de lo que después sería una intensa lluvia que duraria toda la noche. Le dije que se quedará, no era una noche como para que anduviera caminando, aunque ella afirmara que se tomaba colectivos, yo sabia (porque la habia espiado en algunas ocasiones) que ella se iba caminando. Después de un rato de discutir aceptó quedarse. Prepare el sofá cama y la obligue a dormir en mi dormitorio, pero mas tarde la tuve sentada a los pies del colchon.
- ¿Qué pasa?, ¿no podes dormir?- Le dije entre dormido.
- No. – Me respondio casi llorando. Me levante preocupado y me sente a su lado.
- ¿Qué pasa Sussane?-
Ella permanecio en silencio mirando hacia abajo, y de repente se oyó un fuerte trueno y ella se largo a llorar, la abrase y le dije que se acostara a mi lado. Encendí la televisión, para que no se oyeran tanto los truenos, pero en cuestión de minutos se corto la luz y eso dio lugar a un nuevo llanto.
Logre que se durmiera después de un rato, se habia quedado dormida encima de mi pecho, la separe y la acomode en la almohada, aquella noche vi a la mujer que no habia visto nunca en Sussane. Para mi en un principio ella no era nadie, luego era algo, y ahora era todo o lo unico, que tenia.
Me recordó a alguien de una pelicula, y me senti turbado por la imagen de esa mujer a mi lado, me levante y busque velas; eran las tres de la mañana y tenía muchas ganas de leer. Puse una cerca de la cama y me acoste.
Sussane, su respiración me aturdía, me impedia concentrarme en el libro. Su pelo le llegaba debajo de los hombros, era mas bien lacio, aunque en dias humedos se volvia mas ondulado, tenía los ojos grandes y oscuros, aunque ahora los mantenía cerrados. Sus manos eran delicadas y flacas, los dedos largos con uñas cortas, una de sus manos estaba debajo de la mejilla que tenia apoyada en la almohada. Era una bella mujer, pensé en como se vería al otro día, ya que nunca yo la había visto así. El libro que estaba por leer se escurrio entre mis manos y cayo al suelo, y ella se despabiló, permaneció en silencio con los ojos abiertos mirandome, esperando que dijera algo.
- ¿Estas bien?
- Si, ¿y vos?
- Tambien. ¿Por qué no intentas dormir?
- No puedo – Le respondi.
Ella se incorporo, apago las velas y tomo mi cabeza entre sus manos, la apoyo en su costado derecho y acaricio mi cabello. Comenzo a tararear claro de luna, y mi corazon empezo a latir mas lento pero mas atento, podía sentir las pulsaciones de sangre por todo el cuerpo. me separe de ella lo suficiente como para mirarla de cerca, y ella cerro los ojos y beso mi frente, luego mi nariz y antes de que hubiera despegado los labios de ella la tome del menton y le bese en los labios, y ella se dejo. Me acaricio el cabello y la espalda suavemente y no pude evitar el llanto, entonces ella me alejo y me dijo:
- Quiza necesitaste conocer el odio para encontrar el amor.
Y volví a besarla. Ella se recostó nuevamente en mi pecho, y dormí profundamente toda la noche.
Intensisimo. Hermosa lectura.
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